- Nuevas ideas.
- Nuevas tecnologías.
- Nuevo talento.
Y en esa obsesión… hemos empezado a tratar a las personas como si también tuvieran fecha de caducidad. Como si el valor tuviera un pico. Y después… solo quedara descenso.
Pero la realidad va justo en la dirección contraria.
Hoy, mas del 40% de la población activa en España tiene más de 45 años. Y no solo eso:
La población está envejeciendo a un ritmo acelerado.
La esperanza de vida aumenta.
Y la edad de jubilación no deja de retrasarse
Cada vez trabajaremos más años
Cada vez habrá más profesionales con trayectorias largas
Y cada vez dependeremos más de ese talento
Y, sin embargo… seguimos tomando decisiones como si todo esto no estuviera pasando. Cada día, miles de profesionales con experiencia, criterio y capacidad real de aportar quedan fuera del sistema. No porque no puedan. Sino porque alguien decidió que ya no tocaba.
Mientras tanto, las empresas dicen que no encuentran talento. Y la verdad es incómoda:
Y esto no es solo un problema empresarial. Es un problema económico. Un país que deja fuera a una parte creciente de su población activa está aumentando el coste del desempleo, reduciendo su productividad y perdiendo conocimiento que ya había construido.
Pero hay algo aún más silencioso. Y más peligroso. Cuando una persona es descartada una y otra vez, no solo pierde oportunidades. Empieza a perder algo mucho más profundo:
Poco a poco deja de intentarlo igual. Deja de exponerse. Deja de creerse válida. Y eso no aparece en ningún informe. Pero ocurre todos los días.
Esto no va de generaciones. Va de decisiones. De cómo evaluamos el valor. De qué miramos… y de qué dejamos de mirar. De confundir novedad con capacidad real de aportar.
Pero ignorarlo… tiene un precio. Y ya lo estamos pagando.
